El día que aterricé sin visado en Vietnam

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Derechos de Imagen: Fotolia

Poca gente lo sabe pero en realidad yo ya he estado en Vietnam. Bueno, más bien en sus aeropuertos y la verdad es que lo que me pasó es como para no olvidarse de aquellos lugares por muy impersonales que sean.

Era marzo de 2014, mi primer gran viaje: me iba a Australia. Como desde España el viaje es demasiado largo no queda otra que hacer el cambio de avión por el camino, normalmente en un país del sudeste asiático. En mi caso la ruta era Madrid- Londres-Vietnam-Melbourne.

Nada más iniciar el viaje, en el aeropuerto de Barajas tuve el primer chuté de adrenalina: los controladores aéreos franceses habían decidido ponerse en huelga, afectando al tráfico aéreo de toda Europa. Así que, el primer avión llevaba una hora de retraso, que digo yo que ya había días para ponerse en huelga pero, no, tuvo que ser el primer día que yo me iniciaba en esto de los viajes. ¿Llegaría a coger el vuelo a Vietnam? Un misterio a resolver con el que no quedaba otra que convivir durante el vuelo y desvelar al aterrizar en Londres. Afortunadamente, llegué al vuelo pero el destino me deparaba otras alteraciones y eso que ya andaba al borde de la taquicardia tan solo por el hecho de hacer aquel viaje. Al enseñar la tarjeta de embarque para el avión a Vietnam empezó la emoción:

Azafata -¿Tiene usted visado para Vietnam?

Yo- Sorry?(Esto no es que no le haya entendido pero ,intento ganar algo de tiempo porque evidentemente no la tengo)

Azafata-(Mirando el pasaporte) Espere un segundo aquí.

Mientras tanto los pasajeros siguen subiendo al avión y yo estoy sentada, muy nerviosa. En ese momento aparece un señora rubia.

-Señora rubia: No se preocupe voy a hacer una foto de su pasaporte para enviarlo a Hanoi (Vietnam) para que le ayuden una vez allí con el tema de la visa.

-Yo: Muchas gracias.

-Señora rubia-:Necesita visado porque tiene un vuelo doméstico en Vietnam. Vuela de Hanoi a Ho Chi Minh. (Para entrar al país hay que solicitar el visado de Vietnam online  o a través de la embajada, antes de llegar al país).

¡Ah! ¡Que Hanoi-Ho Chi Minh, no es una ciudad si no dos! -Esto por supuesto lo pienso y no me atrevo a decirlo en voz alta. Sí, no me preguntes por qué, pero en mi despiste había interpretado que Hanoi-Ho Chi Minh era una única ciudad.

Así que, ahí estaba yo en un avión rumbo a Vietnam sin saber si iba a poder seguir con mi ruta. Fueron las 9 horas más angustiosas de todo mi viaje. No paraba de imaginarme en una garita encerrada rodeada de «polís chungos» vietnamitas.

Cuando aterricé en Hanoi un hombre trajeado me pasó a la parte de atrás de las oficinas donde se tramitan los visados que efectivamente estaba lleno de “polís chungos”. Es decir, señores mayores con uniforme verde militar y con cara de estar enfadados siempre. Allí me pasó con su jefe, otro hombre trajeado que me preguntó: “Pero, ¿Por qué no tienes el visado?” Evidentemente, no le iba a contar que pensaba que Hanoi y Ho Chi Minh eran la misma ciudad. Así que, opté por poner cara de niña buena y soltar un “no sé… no sabía que necesitaba una”. Así que, me pidió que me sentara delante del mostrador, y fue a buscar a otro compañero. En ese momento decidí tomármelo con calma, porque observé que cuanto más se impacientaban los occidentales para reclamar su visado más lentos iban los funcionarios. Afortunadamente tenía más de nueve horas para coger el otro avión. Y ahí estaba yo sentada en el aeropuerto, hablando de niños, nótese que no soy muy niñera, con un funcionario vietnamita mientras esperaba a que llegara alguien a rescatarme.

Al cabo de un rato apareció otro señor uniformado , a juzgar por el tipo de uniforme, de un azul claro, parecía ser un intermediario de la aerolínea. Este era “mi hombre”. Fue directamente al mostrador y empezó a hablar con uno de los “polís chungos”. El militar parecía muy enojado y no paraba de gesticular, tanto es así, que “mi salvador” decidió ponerse enfrente suyo para que yo no viera sus gestos. Finalmente gestioné el visado, incluso antes que algunos guiris que llevaban más tiempo que yo esperando.

Y tú ¿has tenido alguna aventura fruto de tus despistes?


 

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